martes, 13 de septiembre de 2011

EL ÉXITO ¿UN ASUNTO DE GANAR O PERDER?






Los seres humanos vivimos en una constante búsqueda del éxito ese estadio que nos convierte en “ganadores”, diferenciándonos de aquellos que en nuestro concepto o en el de la sociedad son “perdedores”, y que nos garantiza la “felicidad”.
Vivimos en sociedades que nos empujan a competir, con los otros y con nosotros mismos, para alcanzar ese ideal de éxito que nos venden a través de los medios de comunicación y que está definido por la acumulación de bienes materiales, logros académicos, reconocimiento externo, etc. No hay que pasar mucho tiempo frente al televisor, una pantalla de cine o escuchando alguna canción en la radio para identificar estos valores sociales asociados al éxito, como poseer riqueza, autos último modelo, grandes casas, ser bien parecidos, ser ejecutivos de alguna corporación internacional, tener familia a cierta edad y en el caso de los hombres, estar rodeado de mujeres hermosas, salidas de algún concurso de belleza.
Estos valores nos van desdibujando como personas y terminamos identificándonos con nuestras posesiones, cuántas veces no nos hemos referido a alguien como fulanito de tal, el doctor, el del carro verde, el que vive en tal sitio o el que se ganó el premio, etc., obviando por completo características como el carácter, la integridad, la honestidad y muchas otras cosas que seguramente nos definen mejor que lo que tenemos.
El paradigma del éxito que nos venden está casado entonces con la cantidad de cosas materiales que vamos adquiriendo en nuestra vida y el estatus asociado a estas, dos elementos que al final del día nos permiten alcanzar la tan ansiada diferenciación de los demás. ¿Pero nos hacen nuestras posesiones y estatus personas exitosas?
En mi opinión y respetando el concepto que cada uno pueda tener sobre el éxito, su alcance no está para nada relacionado con la acumulación de cosas materiales, ni con el estatus. Tiene que ver con nuestra capacidad de ser útiles y aportar a la sociedad en la cual nos desenvolvemos.
Al contrario de lo que nos han enseñado pienso que para alcanzar el éxito no es necesario competir sino colaborar con los demás, abandonar esa carrera que seguramente nos llevará a la decepción de no alcanzar ese patrón social impuesto y poner todas nuestras capacidades, humanas y profesionales, al servicio del bienestar individual y colectivo. Tampoco es necesario que seamos unos genios e inventemos una vacuna o descubramos una nueva fuente de energía, basta con desempeñarnos en nuestro campo de acción con nuestro mayor empeño y excelencia.
Estoy seguro además que el actuar de esta manera nos permite lograr reconocimiento propio, que es mucho más importante que el del resto del mundo. Para mí ser exitoso significa poder acostarme todas las noches con la satisfacción de haber sido útil, poniendo lo mejor en mi trabajo, mis relaciones con los demás y con mi entorno.
No es necesario entonces que nos clasifiquemos entre “ganadores” y “perdedores” ya que todos tenemos la capacidad, a través de lo que hacemos, de transformar aunque sea en mínima parte nuestra vida y la de las personas que están a nuestro alrededor, eso nos convierte a todos al menos en personas potencialmente exitosas.

Alejandro Acosta



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