jueves, 26 de abril de 2012

LA PROPIA VERDAD



Cuentan que un buscador de la verdad salió en cierta ocasión a los caminos de Iurancha -el mundo-

Y allí, en el gran cruce del mundo interrogó a sus hermanos.

Decidme, ¿cuál es la verdad?

Busca la filosofía -respondieron los filósofos-.

No, -argumentaron los políticos- la verdad está en el servicio.

Entra a las catedrales -le aseguraron los clérigos-.

Sin duda, la verdad es la sabiduría -terciaron los sabios-.

Renuncia a todo -esgrimieron los ascetas-.

Contempla y ensalza las maravillas del señor -le anunciaron los místicos-.

Acata y cumple las leyes -señalaron los gobernantes-.

Conócete a ti mismo -cantaron los guardianes del esoterismo-.

La verdad está en los números sagrados -dedujeron los cabalistas-.

Vive los placeres -aconsejaron los epicúreos-.

Únete a nosotros -le gritaron los revolucionarios-.

La verdad es un mito -respondieron los escépticos-.

Vive y deja vivir -clamaron los existencialistas-.

El pasado: esa es la única verdad -clamaron los existencialistas-.

Confundido, aquel humano se dejó caer sobre el polvo del camino, mientras aquella multitud se alejaba cantando y reivindicando “su” verdad.

En eso, acertó a pasar junto al hombre un venerable anciano que portaba un refulgente diamante.

¿Quién eres? Preguntó el derrotado buscador de la verdad.

Y el anciano, mostrándole el diamante respondió:

Soy el guardián de la verdad.

¿La Verdad? ¿Es qué existe?

El anciano sonrió y aproximando la gema al rostro del humano, replicó:

La verdad, como este tesoro, tiene mil caras. A cada uno le corresponde averiguar cual es la que le corresponde.





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