martes, 13 de octubre de 2015

ESCASEZ DE VALORES




Hay escasez, pero de valores
Carlos Dorado F.


La más terrible escasez que una sociedad puede vivir es que no se encuentre en las estanterías de sus ciudadanos el producto más importante para que ésta crezca sana, fuerte y con futuro: ¡Los valores!

Esos valores, constituidos por múltiples variables que determinan la forma de vivir que cada individuo, acorde a lo que se considera que es bueno o malo, lo que es correcto o incorrecto. Ello, orienta nuestra conducta, y en base a esto actuamos, frente a las situaciones que vivimos.

Sin embargo; cuando estos principios están poco apuntalados en sus raíces, terminan distorsionándose y adaptándose a  las situaciones del momento; donde se vive haciendo lo correcto, únicamente si no se tiene la oportunidad de hacer lo incorrecto. Y sin darnos cuenta, cada día vamos tomando rutas diferentes, y asumiendo comportamientos, que nos van alejando cada vez más de los verdaderos valores.

Unos valores, que vamos cambiándolos, ajustándolos y moldeándolos a las circunstancias del momento en que vive la sociedad, y donde diese la impresión de que para subsistir hay que adaptarte a la sociedad; quedando así abatida por una aplastante mayoría, motivada por el cortoplacismo, la riqueza fácil, la violencia, el incumplimiento de la ley, y la inmoralidad en todas sus expresiones.

Así, hasta llegar a una gran borrachera colectiva, donde la mayoría termina confundiendo los valores que tiene (dinero fácil, violencia, corrupción, vicios,  inmoralidad) con lo que debería tener (justicia, principios, moral, respecto, trabajo); y donde las leyes terminan siendo materia de interpretación, basadas únicamente en la conveniencia de cada individuo.

Es en este punto en donde el gran arquitecto de esos valores: La familia, y la cual es quien diseña la sociedad del futuro, y la que alimenta moralmente a sus miembros, termina perdiendo completamente su eficiencia. Así como también la pierde, la encargada de dar esos valores acabados a la sociedad: Las escuelas. ¡Terminando así,  toda la sociedad viviendo en un rancho!

Mi madre siempre me decía: “Carlos, es fácil explicarle a un hijo lo que se puede comprar y hacer con dinero. Lo difícil, es que entienda lo que no se puede comprar con dinero,  y  lo que se puede hacer sin dinero. Lo más importante no es el precio de las cosas, sino el valor de las mismas, y generalmente las que tienen un gran valor, no tienen precio”.

Desafortunadamente nuestros valores morales como sociedad están siendo aplastados por los valores inmorales, y el facilismo con el que pretendemos tratar a nuestros valores, termina siendo la tarea más indeseable de todas.

¿Cuáles son los principios y valores que rigen nuestras vidas? ¿Conservamos y practicamos los valores que nos enseñaron nuestros padres? ¿Vivimos y actuamos basándonos en ellos? ¿Nos respetamos a nosotros mismos? Si prevaleciera la sinceridad en las respuestas a estas preguntas, deberíamos de horrorizarnos ¡Son tiempos de oscuridad!

Mi padre siempre me solía contar la anécdota del carretero, quien un día caminando con su hijo, le dijo: “¿Además de los pájaros, qué más escuchas a lo lejos? Una carreta padre. Eso es hijo, una carreta vacía. Padre, ¿pero cómo sabes que está vacía? Es muy fácil hijo: Porque cuanto más vacía está la carreta, más ruido hace”.

¡Somos una carreta vacía! Que hacemos mucho ruido, como si fuésemos a destartalarnos, pero estamos vacíos.

¡Vacíos de valores y esto es lo grave, y la peor de las escaseces!




Fuente: RunrunesWeb

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