lunes, 18 de abril de 2016

TRABAJAR POR PLACER







“Cuando trabajas, eres como una flauta a través de cuyo corazón el susurro de las horas se convierte en música…
¿Y qué es trabajar con amor? Es tejer una tela con hilos sacados de tu corazón, como si tu amado fuese a vestirse con esa tela…”


KHALIL GIBRAN, El profeta


Podemos elegir muchos caminos en esta vida, cada decisión nos lleva a algún lugar en concreto, unos más acertados y otros menos, y aunque de todas las situaciones podemos aprender si queremos, nos va mejor si escuchamos nuestro corazón antes de decidir. La vida es mucho más emocionante si escuchamos a nuestro Ser interior y seguimos ese deseo interno que subyace desde nuestra más tierna infancia. Esa ilusión por ser músico, o artista, o misionero, o cualquier actividad “del corazón” que por circunstancias de la vida no se ha llegado a materializar nunca. Todos tenemos un propósito principal en esta vida que envuelve el mayor aprendizaje en un entorno feliz. Es el llamado “DHARMA”. Este propósito viene acompañado de talentos especiales para poder desarrollarlo en el mejor servicio de los demás. Cuando aplicamos el talento unido con el servicio, experimentamos un éxtasis especial, un gozo difícil de describir, porque nace del espíritu, de lo más profundo de nuestro ser. Es la bendición de Trabajar por placer. Por eso debemos dejar a un lado los paradigmas que siempre nos han enseñado y con juicio cabal redirigir nuestras vidas hacia la felicidad de la realización de los sueños infantiles antes de que lleguemos a viejo y pensemos que he desperdiciado mi vida.

Trabajar por placer es en mi opinión uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos la mayoría de personas y a la vez es el principal deseo que aparcamos a un lado en la vida. Aceptamos “la realidad” y sucumbimos a trabajar por pura necesidad.

No es fácil llegar al punto en el que trabajar por placer y no por obligación, es nuestra realidad, pero he aquí algunos puntos que te invito a considerar:
Sabemos que tenemos múltiples cuerpos que tienen una cierta correlación entre sí. Está el cuerpo físico, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo espiritual…

Todos estos tienen distintos nombres según las culturas y las religiones, pero que están ahí.
Existe una relación directa entre la actividad de estos cuerpos y la realidad que nos rodea, cada cual la afecta a su manera y según la energía que tenga en un presente dado. Así, el cuerpo emocional, es un ente con una gran capacidad de alterar las energías creadoras para que las circunstancias presentes y por tanto futuras, cambien.

El pensamiento consciente y los objetivos mentales del cuerpo mental tienen poca influencia sobre el cuerpo emocional, que sigue sus propias leyes. El cuerpo mental, con el conjunto de nuestros deseos y sueños, puede dirigir el comportamiento hacia el exterior, pero no suprimir las estructuras emocionales inconscientes.

Así, por ejemplo, una persona puede aspirar conscientemente al amor, el éxito, la buena salud, e inconscientemente, con su cuerpo emocional, estar creando lo contrario debido a la sutil línea que existe entre el deseo de algo y el sentimiento de su falta.

Cuando una persona desea algo no puede evitar ser consciente de que no lo tiene y sentir en todos sus cuerpos esa carencia, muchas veces con dolor. Al sentirlo, es lo que proyecta con su cuerpo emocional y ya hemos dicho que este tiene una gran capacidad de crear. El cuerpo emocional crea más de aquello que te hace sufrir y el círculo vicioso se cierra.

Generalmente, cuando estamos en este círculo (porque todos estamos de alguna manera, sea en la salud, en las relaciones, en el trabajo, en la economía…) no somos para nada conscientes de esta relación y nosotros mismos no podemos verlo. Es más nos enfadamos cuando alguien nos dice que es responsabilidad nuestra y no que es algo causado por un agente exterior como, “yo siempre he argumentado”.

Si tenemos la suficiente humildad para poder reconocer nuestra responsabilidad en todo el presente que nos rodea, podemos darle la vuelta a la situación, poco a poco, con esfuerzo y la asistencia de un terapeuta profesional.
Para poder darle la vuelta a esta natural y humana forma de ser de la que todos somos copartícipes, todos los maestros, desde el principio de la era humana, nos han enseñado lo mismo, que vivamos en gratitud con el presente actual, en armonía con todos y con Dios/ Todo lo que es. Una gratitud sincera que mana del corazón sabiendo que de todas las circunstancias en la vida se puede aprender.

Así mismo, que imaginemos nuestros sueños con la felicidad de un niño, sin apego al resultado y que vivamos el hoy.

Estamos en la escuela de la vida y vamos aprendiendo a ser felices.

La mayor felicidad no se obtiene por la consecución de los sueños sino por la dedicación a aquello por lo que nos hemos encarnado en servicio a los demás. Generalmente nuestros sueños profundos tienen que ver con este “Dharma” este propósito de la vida. Los sueños más pequeños o más materiales, están bien y son parte de las “posadas/hospedajes” del camino, de la diversión, el entretenimiento, la comodidad, pero la verdadera pregunta que te invito a plantearte hoy es: ¿por qué he decidido encarnarme? (o ¿por qué Dios me envió a la tierra? si lo anterior te suena raro).

Esta es la gran pregunta que nos conduce a la verdadera felicidad.

Hay una forma bastante sencilla de saber cuál es el propósito de mi vida y es haciéndonos esta pregunta:

Si yo tuviese todo el dinero necesario, todo el tiempo necesario, toda la salud necesaria, ¿qué estaría haciendo?

Se trata de ponerte en situación mental, pensando que tienes todo eso de verdad y preguntarte de corazón en qué estarías ocupado.

Una vez contestada esta primera pregunta la segunda es: ¿Cómo puedo servir a la humanidad con este deseo profundo?

Al dedicar nuestra vida a aquello que amo en servicio a los demás, viviré más feliz y también se reorganizan los distintos cuerpos para armonizar hacia los dictados de la mente consciente en lugar de los caprichos de la mente inconsciente y los poderosos engramas o programas neuro-emocionales que nos encauzan a repetir una y otra vez los mismos errores, aunque esto es otro tema.



Fuente: http://www.jaimesegarra.com/trabajar-por-placer/#sthash.D0CoYWy3.dpuf


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